En el mundo, los jóvenes de 15 a 24 años representan aproximadamente una de cada seis personas. Esta generación, particularmente numerosa en África, enfrenta un desafío mayor: encontrar su lugar en el mundo profesional y participar plenamente en la vida de la sociedad, justo cuando el cambio climático, las transformaciones económicas y diversas formas de inestabilidad trastocan su futuro.
Para Interloan, el desafío consiste en dar a los jóvenes las capacidades y oportunidades necesarias para que puedan convertirse en verdaderos protagonistas de las transformaciones que darán forma a su futuro.
El peso demográfico de la juventud puede representar una oportunidad formidable, siempre que disponga de los recursos necesarios para conquistar progresivamente su independencia. La entrada en la edad adulta se produce hoy en un entorno marcado por profundas transformaciones económicas, sociales y ecológicas.
Sin embargo, las políticas dirigidas a los jóvenes suelen organizarse en torno a un ámbito específico: educación, formación, empleo, salud o participación ciudadana. Este enfoque puede dejar de lado los estrechos vínculos que existen entre estas diferentes dimensiones.
Una formación profesional, por ejemplo, puede facilitar el acceso a un empleo sin garantizar necesariamente una verdadera autonomía cuando el trabajo obtenido sigue siendo precario, cuando el joven permanece alejado de los procesos de decisión locales, o cuando su actividad profesional está particularmente expuesta a las consecuencias del cambio climático.
Resulta, por lo tanto, esencial vincular el desarrollo de competencias, el acceso a un empleo digno, la participación ciudadana y el compromiso con la transición ecológica. Este enfoque integral permite a los jóvenes fortalecer su capacidad de construir su propio futuro contribuyendo al mismo tiempo al desarrollo de su comunidad.
El enfoque defendido por Interloan se basa en la idea de que la autonomía de los jóvenes no puede reducirse únicamente a su inserción profesional. Las dimensiones económica, social y ambiental están estrechamente vinculadas y deben considerarse de manera conjunta.
Esta primera dimensión se refiere a la posibilidad de que los jóvenes accedan a la independencia financiera a través del empleo, el emprendimiento, o su participación en las actividades económicas de su territorio.
Incluye, en particular, la adquisición de competencias, la formación profesional, el acceso a oportunidades económicas y el acompañamiento hacia el mercado laboral.
Sin embargo, desarrollar únicamente la empleabilidad no basta. Un joven puede estar bien formado y ejercer un oficio sin medir necesariamente las consecuencias sociales o ambientales de su actividad. El objetivo es, por tanto, también favorecer prácticas profesionales responsables y adaptadas a las transformaciones actuales.
Los jóvenes también deben ser considerados ciudadanos de pleno derecho, capaces de hacer valer sus derechos y asumir sus responsabilidades dentro de la sociedad.
Esta dimensión abarca, en particular, el acceso a la educación y a la salud, la lucha contra las desigualdades, la justicia social, la igualdad entre mujeres y hombres, así como la participación en las diferentes formas de vida ciudadana, social y política. Permitir que los jóvenes participen en las decisiones que conciernen a su territorio contribuye así directamente a su autonomía y a su capacidad de actuar.
El tercer componente se refiere a la participación de los jóvenes en las transformaciones ambientales. Preservar los recursos naturales, luchar contra los efectos del cambio climático y promover una mayor justicia ambiental son hoy cuestiones que conciernen a todas las generaciones.
Los jóvenes tienen un papel especialmente importante que desempeñar en estas transformaciones, sobre todo porque se verán directamente afectados por sus consecuencias a largo plazo.
Estos tres componentes son complementarios. Una verdadera autonomía económica es difícil de mantener cuando los jóvenes no pueden ejercer sus derechos ni participar en las decisiones que influyen en su vida cotidiana.
Del mismo modo, las iniciativas ciudadanas y ambientales difícilmente pueden perdurar en el tiempo cuando las personas involucradas no cuentan con perspectivas económicas suficientemente sólidas.
Por ello, Interloan privilegia una visión global del acompañamiento de los jóvenes, en la que la formación, el empleo, la ciudadanía y la transición ecológica se refuerzan mutuamente.
Esta concepción de la autonomía de los jóvenes puede apoyarse, en particular, en programas que combinen desarrollo profesional, participación ciudadana y sensibilización sobre cuestiones ambientales.
El objetivo es permitir que los jóvenes no sean únicamente beneficiarios de las políticas de desarrollo, sino que se conviertan ellos mismos en protagonistas capaces de identificar los problemas de su territorio, proponer soluciones y participar en su puesta en marcha.
En esta perspectiva, los sectores vinculados a la agricultura, la gestión de residuos, la economía circular o los oficios de la transición ecológica pueden constituir oportunidades importantes.
En varios territorios, los dispositivos de formación pueden así combinar aprendizaje técnico, competencias sociales y sensibilización ambiental.
Tomemos el ejemplo de la gestión de residuos: una formación destinada a los jóvenes no debería enseñarles únicamente los aspectos técnicos del oficio. También puede integrar cuestiones de salud, seguridad, organización colectiva, protección del medio ambiente y valorización de los residuos.
Los jóvenes formados se convierten entonces no solo en profesionales capaces de ejercer una actividad remunerada, sino también en participantes activos de la economía circular y de la transición ecológica de su territorio.
El desafío para los próximos años consiste, por tanto, en superar los enfoques limitados a un solo sector. Acompañar a la juventud significa permitirle adquirir competencias, acceder a oportunidades económicas, participar en la vida colectiva y tomar parte en las transformaciones ambientales.
En un contexto en el que la población joven sigue creciendo rápidamente en muchas regiones del mundo, especialmente en África, invertir en su autonomía representa un desafío esencial para el desarrollo.
Interloan pretende así situar a la juventud en el centro de las dinámicas de transformación, favoreciendo un enfoque que combine desarrollo económico, inclusión social y responsabilidad ambiental.
El objetivo final es simple: permitir que los jóvenes construyan su propio futuro, dándoles al mismo tiempo los medios para contribuir activamente al de sus comunidades y territorios.